Me despierto todavía está oscuro y no me quiero levantar, no debí de haberme quedado viendo esa película, pero prometí ayudar y aquí voy.
Mamá y papá ya están listos así que solo falta ira recoger a don Víctor.
Comienza el viaje cuando todavía faltan 20 min. para las 7 de la mañana, mientras voy manejando me pregunto que hago despierto un domingo tan temprano y como terminé aceptando ayudar a mi papá en algo así. La semana pasada a está hora estaba en mi quinto sueño y ahora con los ojos un poco hinchados estoy cargando mesas y charolas llenas de pan. Por fin llegamos a la iglesia y antes de que la misa de 7 termine, ya tenía las mesas armadas y los panes listos para venderse, todo estaba bien y era cuestión de tiempo para que yo regresara a mi cómoda cama.Fue en eso que se acordaron de que sería bueno traer unas sillas (no iban a pasar tantas horas parados) así que fui de regreso para mi casa donde mi tía me estaba esperando en la cocina para recordarme por quinta ves en la semana que no debo salir sin desayunar.
Cuando estaba bajando del auto las sillas me di cuenta de que las cosas en la iglesia no estaban como yo las dejé, aparentemente el padre mando apoyo y ahora además del pan de camote de don Víctor tenían 40 tamales y algunos brownies.La iglesia ya estaba vacía y yo estaba empezando a recordar las sabias palabras que me hubiera dicho mi tía unos minutos antes, en ese momento me llamó mi papá.
No lograba entender como mi papá, un hombre para el cual pocas cosas son tan importantes como la comida, había salido de su casa sin desayunar para participar en un bazar de panes a beneficio de un grupo de enfermos y limitados físicos que en muchas ocasiones parecen no estar interesados en salir adelante, les ha dedicado más de diez años de su vida y por azares del destino la semana pasada me pido que lo llevara a la iglesia a las 6:30 y que lo ayudara a preparar las mesas para el bazar yo le dije que no habría problema y aún no se como ayudando a 4 ciegos y un paralítico a vender panes.
Las personas que habían hecho los donativos decidieron quedarse para ayudarnos a vender y ese era el momento en que yo debí partir, ya no hacia falta que me quedara había mercancía y manos para venderla, fue entonces que llegaron Francisco y Valdo, con una hojaldra para 50 personas cada uno. De alguna manera en ese momento creí comprender a mi papá, el no dedicaba su tiempo al grupo pensando en la poca respuesta que le daban los miembros sino por la decidida respuesta que daban los pocos que contestaban, solo por eso decidí quedarme.
Todo parecía normal pero sin previo aviso se nublo y comenzó una pequeña lluvia que nos interrumpió como 5 veces aunque creo que el único que se mojaba era yo.
Por fin, después de escuchar como una ancianita prefería un pan quemado en la base porque aseguraba que su chocolate iba a tener mejor sabor y como un señor decidió comprar 25 tamales por que una de las donadoras le dijo lindo, terminó la jornada sin más contratiempos que la llovizna intermitente. Para nuestra buena suerte los parroquianos fueron muy generosos y nuestras expectativas fueron rebasadas. Para nuestra sorpresa nos sobró mucho pan que como ya había cumplido su función decidieron donarlo a un asilo.
Todo estaba listo, las mesas en el auto y en camino hacia la “tortería” de don Víctor. Cuando termino el viaje y llegue a mi casa me preparé para comer, mi mamá sirvió los platos mi papá subió a cambiarse y yo meditaba sobre lo que había aprendido y no dejaba de repetirme que no lo debía de olvidar nunca por que si así ocurriese tendría que levantarme a las 6 de la mañana con los ojos hinchados para terminar haciendo algo que 7 horas después no entendería.
Es hora de la siesta y mañana tengo que entregar este reporte al profe, mañana dejaré de preguntarme por que hago cosas que no entiendo y como cada lunes comenzare de nuevo con la rutina de mi semana.