Hace apenas unos años deje de ser un niño y ya no recuerdo cual era mi lugar preferido, pero cada ves que recuerdo me veo muy cerca de la esquina de la calle de la casa de soltera de mi mamá donde vivía con sus hermanas algunos antes de que yo naciera y que después sería la casa en donde mi abuelo se quedaba cuando venia a visitar a sus nietos a la ciudad. Hay un árbol muy grande, su copa es de un verde oscuro pero da una apariencia de mucha tranquilidad por la luz de la tarde, un poco nublada, que la ilumina en el jardín trasero de la casa que tengo a mi izquierda, en el jardín del frente hay un árbol más pequeño mucho más, apenas unas 3 veces el tamaño de un niño de 6 años, hay muchos arbustos que hacen que en la calle, que es muy angosta hasta la fecha, parezca más tarde de lo que en realidad es.
El pavimento está muy viejo y gastado de ese color gris un poco pálido de las calles que están apunto rellenarse de baches con la grava que lo conforma ya un poco floja, a menos de media cuadra detrás de mi está la típica tiendita de la esquina que debía vender de todo un poco aunque yo solo me acuerdo de las papitas y refrescos y claro de las “maquinitas” donde siempre había alguien jugando “street fighters”.
Pasando la acera que está a mi derecha hay una casa que tiene la orilla del techo rojo, es la casa que esta a unas 6 casas de la zapatería que esta a la vuelta de la esquina, debajo del cual se forma la cochera muy mal iluminada que deja crecer a su lado un rosal sin flores y con pocas hojas en medio de un cuadro de pasto muy bien cuidado.
Adelante no hay algunos autos estacionados a cada lado de la calle como si fueran 2 filas de hormigas y justo enfrente a más de media cuadra hay un muro, no se de que es pero siempre ha estado ahí, es parte del paisaje.
En el aire se escucha la música del piano de alguna vecina (no se por que pero estoy seguro que era de una vecina y no de un vecino) que se deja oír sobre el ruido de las “maquinitas”.